Cada persona, cada pareja y cada familia tiene una historia propia. Detrás de una dificultad, de un conflicto o de una emoción hay muchas veces una forma de relacionarse que se ha ido construyendo con el tiempo.
Por eso, mi trabajo parte de la escucha y la comprensión. Antes de buscar soluciones, es importante detenerse a mirar qué ocurre, cómo lo vive cada persona y qué lugar ocupa en sus relaciones.
La terapia es también un espacio para hacer preguntas, poner palabras a aquello que resulta difícil expresar y descubrir nuevas maneras de afrontar las situaciones. No se trata de encontrar respuestas rápidas, sino de comprender mejor lo que sucede para poder tomar decisiones y construir cambios.